Como sabéis, ayer fui a la lectura de poemas de Peri Rossi, y además, conocí a Paola Vaggio y a Silvana, y son ambas encantadoras (no podía ser de otra forma), pero me quedé con ganas de verlas en un contexto diferente y con más tranquilidad. Además, por sorpresa, terminé hablando con Thais Morales, autora de Efecto Retrovisor, que es un libro que me encantó y que ya he regalado tres veces (la pobre se iba poniendo roja por momentos según a mí me daba mi arrebato "fan"). Lo mejor de la conversación fue cuando yo estaba en plan, ay, no sé si voy o vengo, si me despido de Paola, si se me escapa Peri Rossi, si apúntate mi número y te ayudo a crear una bitácora... que le digo: "no te creas, que yo no siempre soy así, ni me dan estas aceleraciones..." y ella: "ah, así que otras veces eres normal..." (risas).
Pero quizás lo más interesante o peculiar me pasó antes de todo.
Yo esperaba a Paola apoyada en una esquina leyendo un libro de poemas de Peri Rossi cuando se me acercó una chica argentina y me preguntó si ése era el centro de estudios iberoamericanos. Vi que llevaba en las manos un recorte de periódico con la noticia del evento, y le pregunté si venía por lo de Peri Rossi. Me contestó que sí, que bueno, que no sabía, que en realidad había visto la noticia e iba, pero que no sabía quién era esa escritora.
"¿Estás leyendo algo suyo?", me preguntó señalando mi libro. Le contesté que sí, y me pidió que le recomendara un poema. Le mostré "Última entrevista", que es uno de mis favoritos. Lo leyó con atención, de forma pausada, y me devolvió el libro al terminar diciendo "muy lindo sí, me recuerda a mi historia...". Le iba a preguntar por su historia cuando dio dos pasos como alejándose, pero no terminaba de irse ni de quedarse como si el poema la hubiera dejado sin capacidad de reacción. "A mí me ha pasado eso, yo vine de Buenos Aires aquí por amor, y regresé otra vez y ahora otra vez aquí..." comenzó a alejarse, pero todavía caminando de espaldas y mirándome finalizó: "... se marchó a Itaca".
En ese punto, antes de que me diera tiempo de preguntarle algo más, se dio media vuelta y se marchó deprisa (quizás a punto de llorar). Faltaba aún media hora para la presentación, y supuse que volvería luego allí y que tendría oportunidad de saciar mi curiosidad, pero no volví a verla... Quizás emprendió el camino hacia esa Itaca...
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