Ayer tenía un día poco sociable. Los días poco sociables los siento como una cuerda que se ve tensando cada vez más entre el corazón y la boca del estómago. Cuando estoy así, escribo versos que suelen empezar "A veces, la soledad...".
A pesar de este estado de ánimo ayer fui al recital de Peri Rossi, porque es un placer escucharla, porque allí estaría Silvana y le podría devolver su libro, porque Paola Vaggio me había prometido ir, y porque era una estupenda excusa para volver a quedar con Esel.
Sin embargo Esel ya me avisó por la mañana de que no podría ir :-(, y unos minutos antes de que empezara el recital recibí un mensaje de Paola diciéndome que tampoco vendría. A esto le unimos que Reckoning, que también hubiera venido, estaba en el hospital con su madre en Cartagena.
Al menos, estaba Silvana y le devolví su libro, y me encontré con una poeta a la que hacía un montón de tiempo que no veía, pero cuando estoy poco sociable no estoy muy presentable, la verdad. Además, en esta fase mía, me vuelvo monotemática, y empiezo a hablar de mi futuro libro (tema refugio donde los haya) y siento que mi conversación se vuelve muy aburrida o no apta para profanos que no entienden de estas cosas modernas de los blogs.
Por lo demás el recital estuvo muy bien. Primero un señor se puso a hablar de no sé qué filósofos y no sé qué análisis de la poesía erótica, cosa que no me interesó en absoluto y casi me duermo. Pero después Dante Bertini (que me pareció encantador) se puso a leer sus poemas y fue todo un placer escucharle. Y lo mismo Peri Rossi, claro, ya sabéis de mi admiración por la poesía de esta mujer, así que aquí no me volveré monotemática (aunque podría).
Escapé al finalizar en cuanto pude, no sin antes despedirme de Peri Rossi (lo cual es toda una odisea, dada la de gente que se le acerca) y darle un par de guías que le había prometido.
En casa me esperaba mi hermano, que como intuía, estaba algo triste / aburrido. Me decía que no había querido pedírmelo, pero que a lo mejor le apetecía acompañarme cuando voy por ahí. Me decía que no sabía si estaba bien o mal aquí, que aquí todo era distinto. Hablamos un rato tumbados los dos en la cama y a ratos me acariciaba el pelo. Se hacía tarde, yo todavía tenía unas correcciones pendientes, y me fui a mi cuarto.
Yo quería ponerme a escribir, pero no lo hice. Terminé por fin la última corrección del libro y me fui a dormir.
Lucecilla — hace 3 años y 46 meses
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