El viernes por la tarde quedé con Yuyu, luego cené Reckoning, Rutilia y La Dietrich, y más tarde nos encontramos con La Ricci y Soidemersol.
El sábado comí con una amiga, y tomé el té en casa de otra, que había organizado un intercambio de ropa y de libros. Había mucha gente, todas mujeres, hablé con personas muy diversas, reencontré a viejas conocidas y por la noche fui a un contacuentos y terminé cenando con una amiga y con una chica que conocimos en el intercambio y que se nos unió. Estaba sociable, y hablé mucho mucho, quizás más de lo que debería.
El domingo tenía invitadas a comer en casa a Paola Vaggio, Carol Blenk y La Dietrich. Afortunadamente no estuve tan exhibicionista como el sábado, pero sí creo que estuve sociable. Así y todo, les conté que quiero ser una ermitaña y retirarme algún día a mi pueblo de Soria.
Ahora que me he quedado en casa, pienso en los solos. Y cuando pienso en los solos, también pienso en los amorosos, que son la misma cosa. Hacía días que el poema de Sabines me rondaba la cabeza otra vez, así que lo rescato aquí abajo.
pd: a pesar de toda esta vida social, soy una sola vocacional, qué le vamos a hacer (aunque a veces, también, juego a no irme).
LOS AMOROSOS
Jaime Sabines
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre "¡qué bueno!" han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
aseklu — hace 2 años y 30 meses
La Dietrich — hace 2 años y 30 meses
Olenka — hace 2 años y 30 meses
dju — hace 2 años y 30 meses
carol blenk — hace 2 años y 30 meses
olenka — hace 2 años y 30 meses