Había dormido poco, porque el día anterior le había dicho a mi madre de qué iba el libro en una conversación plagada de "ahs" y de "pues esos" y mi hermano además se había enfadado conmigo por el blog, que yo nunca quise que descubriera, y había leído entero, aunque a destiempo y fuera de contexto. Esa noche llegaba a casa la niña de los abrazos esos, que subió la maleta toda chula ella sola por las escaleras de la estación, cigarrillo en boca con pose chulesca. Yo cociné unas verduras de cena, bien cortaditas, y nos entretuvimos hablando y hablando, así que nos fuimos a dormir tarde, aunque teníamos que levantarnos pronto para recoger a la invitada que llegaba a la mañana siguiente muy temprano.
A las 7 de la mañana comenzó a llover y me levanté para recoger la ropa. Pensé que ya no merecía la pena volverse a dormir e hice tiempo trabajando hasta que se levantó la chula y bajamos corriendo a la estación. Yo le iba diciendo: "¿y cómo la reconoceremos?". Ella dijo: "Será aquella pequeñita que nos mira sonriente, ¿no?" y yo pensé: "Sí, es verdad que es pequeñita" y me gustó que lo fuera, pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar.
Nos saludamos, tomamos café en un sitio cutre (lo mío con los "bar Manolo" es inexplicable) subimos a casa y las mandé a cruzarse media red de cercanías de renfe con mi carrito para recoger libros (eso sí, ella antes se tenía que duchar, que sin ducharse no iba a ningún sitio). Yo me quedé trabajando y mandé un mail a las del sector intelectual en el que les contaba cualquier cosa y terminaba diciendo "qué maja es, me la quedo", pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar. Hablé por el messenger con las mamás noeles, y yo no lo recuerdo, pero según una de ellas lo primero que le dije antes de "hola" ni nada fue "ya la he conocido, qué maja es..." pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar.
Llegaron muy tarde y las llevé a comer un bocadillo al único sitio abierto cerca de casa. Hacia el final creo recordar que me cogió la mano, y me sorprendió, y hablamos de anillos y manos pequeñas, pero yo no sabía lo que iba a pasar. En casa nos sentamos en la hamaca y le conté alguna de mis penas nicas. Ella me contó una historia triste y yo la abracé, pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar. La chula estaba ahí también y le pedí que cogiera el amuleto para enseñárselo. Se lo pasaron la una a la otra y decían que sí sentían la energía, pero yo la verdad es que no. Y yo entonces no sabía lo que iba a pasar.
Por la tarde quedamos con la rubia en la imposible esquina Aribau con Paseo de Gracia, encontramos una tienda de chocolates y me regaló unos bombones de la felicidad -pero yo entonces no sabía lo que iba a a pasar-, comimos unas bravas (bueno, yo comí más que ninguna) en un sitio cutre de estudiantes, y fuimos al cine a ver una peli bollo con final a lo Cocodrilo Dundee. Yo la miraba un poco de reojo y pensaba "Qué maja y qué mona y..." pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar.
Después dimos una vuelta indecisas, hasta que nos encaminamos al She´s, y ella parecía tener frío y yo le ofrecí mi chaqueta, pero no quiso, y yo tampoco quise ponérmela otra vez porque soy muy cabezona y una chicarrona del norte. Pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar.
Ella, que dice que de normal no bebe, esa noche estaba un poco perjudicada y se abrazaba a mí y yo la sostenía, y en el autobús de vuelta no me soltó la mano, pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar.
Al llegar a casa le propuse compartir cama conmigo en el estudio, porque el dormitorio ya estaba pensando para las mamás noeles que llegaban al día siguiente, y en el sofá del salón ya se había instalado la chula, y además, por qué no confesarlo, yo quería abrazarla y mimarla por la noche, pero yo entonces no sabía lo que iba a pasar.
Y nos pusimos los pijamas y nos metimos en la cama y apagué las luces y yo entonces no sabía lo que iba a pasar. Y ella me cogió una mano, y me acarició el brazo y a mí se me aceleró mucho el corazón porque empezaba a saber ya lo que iba a pasar y me daba mucho mucho vértigo... Y propuse la palabra "despacio" porque los deprisas nunca me han gustado, y quería recorrer lo inesperado a ritmo lento...
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