Avecilla y yo tenemos un problema: ella es vegetariana y yo soy de Soria. Quizás no os deis cuenta de lo importante del asunto, pero a ver, imaginaos que por un casual viene a mi pueblo y mi tía T. le saca unos choricitos en aceite de la matanza, algo que no saca así todos los días a cualquiera, y que es una joya culinaria, y va Avecilla y dice que no, que es vegetariana... eso podría originar todo un cisma familiar...
Pero peor aún, si es vegetariana, yo me puedo olvidar de preparar mi plato estrella, mis mundialmente famosas lentejas con chorizo, que ella insiste en no comer aunque yo retire amorosamente la grasa de la cazuela mientras cuecen y luego quite el chorizo de su plato (y digo yo, que si el gorrino ya está muerto igualmente y ella no se lo va a comer, ¿qué más da?)
Pre-historia de las lentejas (aviso, a partir de aquí el post se convierte en un típico post "batallita de la abuela"):
En el año 99 me fui de Erasmus a Inglaterra sin tener ni idea de cocina (ni de otras muchas cosas). Mi madre me solía enviar paquetitos con queso El Cigarral, jamón serrano, chorizo y cualquier cosa que entrara hasta completar el peso de 2 kilos (una vez llegó a enviar medio "Huesito" sólo para completar los gramos exactos). Una noche (porque sólo teníamos tiempo para cocinar de noche) se me ocurrió que podía llamarla y preguntar cómo se hacían las lentejas con chorizo aprovechando que me acababa de llegar uno de los paquetes.
Mi madre me dio medidas completamente crípticas para mí: "una pizca" de sal, "un poco" de cebolla, "un chorro" de aceite, "unos trozos" de patata... yo preguntaba con insistencia "¿pero cuánto exactamente?", pero para variar, mi madre seguía a la suyo y no me daba una respuesta precisa. En fin, con esa receta cociné mis primeras lentejas, que ni fú ni fá. A partir de entonces, durante ese año fuera, las cociné todos los lunes, en un pequeño cazo que no daba para más de cuatro platos, y perfeccioné tanto la receta que me sirvió para no tener que cocinar el resto de la semana: yo invitaba a cuatro personas a cenar lentejas en casa el lunes, y el resto de la semana yo me autoinvitaba a cenar en casa de esas personas.
Me salían tan buenas (claro que lo del chorizo enviado desde España tenía mucho que ver) que hacia el final del curso tenía una larga lista de espera para comer en casa, y al final resolví hacer una "lentejada" para 20 personas, pidiendo prestadas varias cazuelas y aprovechando que había un poco de sol que nos permitía sacar las mesas fuera y comer en el jardín.
Estoy segura de que hay mucha gente a lo largo de Europa que no me recuerda a mí especialmente, pero que recordará las lentejas que cocinaba cierta española...
(fin de la pre-historia)
Así que esto de que ahora Avecilla me diga que no le gustan las lentejas con chorizo, me tiene ligeramente preocupada, me parece un poco incompatible.
(Afortunadamente los abrazos de este fin de semana no han sido incompatibles. Los detalles, aquí, que ella sabe contar las cosas de una manera más bonita que yo).
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