Acabo de leer un libro que me ha parecido maravilloso. Tanto, que a mitad de la lectura he hecho un alto para mandarle un mensaje a Paola Vaggio y decirle que me había encontrado con un libro Vaggio. Tanto, también, que he comprado también la versión original -en euskera- para enviarle a Avecilla los dos libros. Lo he empezado a leer sobre las 11 de la mañana y lo he terminado un poco antes de las 2.
Se titula Un tranvía en SP (SPrako Tranbia) y el autor es Unai Elorriaga. Más que tratar de analizar este "flechazo" os dejo aquí unos extractos del libro, correspondientes a cada uno de sus personajes: Lucas, María y Marcos.
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Lucas
Lucas le solía decir a Marcos que el día tiene dos partes. "Casi todos los días tienen dos partes: El día en sí y cuando el día empieza a dejar de ser día."
Decía que el día en sí era para hacer cosas, para ir y venir, para serrar si había que serrar y para hablar si había que hablar. Pero que cuando el día empezaba a dejar de ser día, las cosas cambiaban bastante. Cuando el día el día empezaba a dejar de ser día era para contar. Para contar las idas y venidas, para contar qué se había hecho con la sierra y para contar de qué se había hablado y con quién. Para eso era, esencialmente, el final del día.
María
Le dio pena a María tener que volver a casa. La cuestión era que había una luz curiosa en la calle. Una luz que se veía muy pocas veces; que únicamente se veía cuando en el mismo día había habido, por este orden, viento, sol, tormenta, viento, sol, lluvia, sol. Entonces, y sólo entonces, aparecía esa luz por la tarde. Y las cosas se empezaban a ver mejor, y personas con una cantidad de dioptrías tal como para hacer el ridículo donde quieran que fuesen, descubrían, entre otras cosas, que habían puesto un reloj en la pared de la iglesia. En 1888.
Marcos
Había otras dos cosas que hacía Marcos con verdadero placer cuando se metía en la cama: pensar y dormir. Pero si pensaba, no se sosegaba lo suficiente como para llegar a dormirse. Y si se quedaba dormido, tenía grandes dificultades para pensar. Cuando dormía, sin embargo, se le abría otro abanico de tres posibilidades, a cual más anárquica y sospechosa: podía empezar a soñar, podía volver a despertarse, o podía, sonámbulo, levantarse de la cama y cantar. Cantaría, claro está, algo monótono, porque los sonámbulos son seres monótonos (los sonámbulos son monótonos hasta cuando se caen por las ventanas). Casi siempre elegía, pues, la opción de soñar. Y soñaba con exageración.
loreak — hace 3 años y 41 meses
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