- Ves Momo -le decía, por ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que crees que nunca podrás acabarla.
Miró un rato en silencio a su alrededor, entonces siguió:
- Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista ves que la calle no se hace más corta y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento, y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.
Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
- Nunca se ha de pensar en toda la calle a la vez, ¿entiendes?
Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.
Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:
- Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.
Después de una nueva y larga interrupción siguió:
- De repente uno se da cuenta de que paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido y no se está sin aliento.
Michael Ende, en Momo
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