Lo he vuelto a hacer. Soy terrible. Todo ha empezado cuando a las 20.15 he sentido la repentina necesidad de releer "Nubosidad variable". La venía presintiendo hace días, ya en Sitges, pero hoy ha sido tan fuerte que a pesar de saber que apenas me daba tiempo a llegar al centro y que probablemente encontraría las librerías cerradas, he tenido que salir a buscarlo. He pasado por la biblioteca a punto de cerrar. No estaba. El bibliotecario era simpático; a su pregunta "no, no lo tenemos, está en depósito, ¿quieres que te lo traigamos para la semana que viene?" he contestado "no, es que tengo la necesidad de leerlo ahora, voy a buscarlo". Me ha dicho que las librerías cerraban a las 20.30, que no llegaba (ya eran las 20.30), y me ha sugerido que probara en El Corte Inglés o en la librería del centro comercial El Boulevard. Ninguna de las dos opciones me atraía. "Pero comprar un libro en El Corte Inglés es lo peor...", le he dicho.
En la web había leído que La Casa del Libro cerraba a las 21.30, así que he probado suerte. A las 20.47 estaba allí, pero efectivamente, cerraba a las 20.30. Ninguna librería abierta en el centro. Sólo El Corte Inglés. Muy a mi pesar he ido allí, donde me he dado cuenta -una vez más- de que Planeta domina qué se vende y qué no. Grandes pilas de libros de Planeta, Seix Barral, Destino... (todo lo mismo, vaya) y apenas un estante para Anagrama, donde no he tenido la suerte de encontrar a la Gaite, sólo había libros de Paul Auster, que es un grandísimo escritor, un genio, sí, pero a quien yo no quería en ese momento.
Mi último recurso entonces era acudir al Boulevard. Yo no sabía que allí había una librería, pero guiada por el consejo del bibliotecario, me he dirigido allí. Tras un buen paseo del centro a las afueras he llegado a dicha librería poco antes de que cerraran. ¡Allí estaba el libro! Lo tenían en edición normal y en edición de bolsillo. No he podido resistirme y me he llevado las dos (con un poco de cargo de conciencia, eso sí, porque claro, ¿qué pasaba si luego venía alguien que necesitara también urgentemente leer el libro como yo?) Al ir a pagar le he dicho a la dependienta: "Sí, ya sé, son iguales, pero es que en el fondo sé que voy a regalar uno de ellos". Así nos hemos puesto a hablar sobre libros y la chica que estaba detrás de mí en la cola se ha puesto a hablar con nosotras también. Cerraban ya la librería y hemos salido ella y yo juntas en una animada conversación sobre literatura. Seguíamos hablando al salir del centro comercial, y me he ofrecido acompañarla a la parada de autobús, que estaba en mi misma calle (yo no vivo muy lejos). Una vez en la parada, ya me he quedado hablando con ella hasta que pasara el bus. Pero el bus no pasaba y no pasaba y no pasaba y en realidad ni cuenta nos hemos dado, porque estábamos a lo nuestro, de buena conversación. Cuando nos hemos querido dar cuenta, llevábamos unos 40 minutos de charleta. Ya hemos decidido ir andando a casa, pero todavía nos hemos entretenido un rato más hablando en una esquina antes de ir cada una por nuestro lado. Nos hemos intercambiado los mails y casi seguro que quedamos un rato de estos.
Estoy orgullosa de mí misma, porque he conseguido pasar unos 45 minutos de conversación con una desconocida sin decir que dirijo una revista literaria y sin mencionar el libro. Lo que no he podido evitar ha sido hablarle de mi pueblo a la de 15 minutos. Al final el tema del libro ha salido, porque lo ha sacado ella, que me comentaba que estaba alucinada porque había leído una noticia esta mañana de que se estaban editando blogs como libros y que eso le parecía rarísimo. Le parecía que al poner en papel un blog se perdía su esencia. Y claro, ahí no he podido evitar que me saliera mi yo editora... Le ha hecho mucha gracia eso de "las lesbianas son de otro planeta" y ha dicho que se lo compraría. Me ha indicado también algún lugar alternativillo donde podría distribuirlo aquí.
Y nada más, he vuelto sonriendo a casa, pensando que definitivamente soy terrible, y que lo mío son las paradas de autobuses. (Y como no, me he acordado de la Gaite todo el rato, que siempre habla del placer de una buena conversación).
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