Temo que las palabras bonitas se me acabaran antes de poder usarlas. De poder usarlas de verdad.
A las palabras que se han dicho una vez y se han perdido en el vacío les cuesta mucho encontrar el camino de vuelta para poder ser pronunciadas de nuevo.
Quizás las palabras se quedasen golpeando puertas con llaves en el fondo del mar.
Así que mientras tanto dedico mi tiempo a componer palabras de otros, a corregir textos ajenos que no hablan de amor, a preparar boletines, titulares y noticias de cosas poco importantes.