Yo soy una persona pequeñita. Resulta que sin saber muy bien lo que hacía, hice un libro. Lo hice porque creí que podía hacerlo. Junté en unas páginas a 34 personas y me escondí tras la selección y edición de esos textos. Todo eso lo hice en pijama en mi casa, tras la pantalla del ordenador.
Pero luego el libro cobra vida propia, y te pide que lo saques de paseo, y cuando los libros te piden algo, siempre hay que hacerles caso. De repente el libro se presenta en la FNAC (eso no fue mérito mío) y yo me siento pequeñita pequeñita, porque yo lo que quiero es estar en pijama en mi sofá, y mejor si estoy desnuda y si estoy abrazando a alguien.
El libro sigue dando vueltas, se hace mayor, se va de casa, y como cualquier hijo, te da muchas alegrías, pero también te da muchas preocupaciones y quebraderos de cabeza.
Decides que definitivamente el libro ya tiene su vida propia, independiente de ti, y lo despides en Casa del Libro. Y sigues siendo pequeñita pequeñita, porque tú sólo eres una editora en pijama, preguntándose todavía cómo es que sus padres están sentados ahí delante, cómo es que dos locas de Madrid y una de Barcelona han venido sólo a la presentación, cómo es que de un gorro de cascabeles se pasa a que haya alguien a tu lado en esa mesa.
En este año me han pasado tantas cosas, tan importantes, tan intensas, en tan poco tiempo, que todavía estoy temblando.
Azena — hace 2 años y 35 meses
wild — hace 2 años y 35 meses